La
mala costumbre
de preocuparse
por todo
Por
Elías
Norberto
Abdala.
Psiconeuroendocrinologo,
Profesor Titular de Psiquiatria (USAL)
Hoy
en
día muy pocos pueden jactarse de no sufrir todo tipo
de preocupaciones. Sin embargo, es necesario distinguir entre las que
podrían llamarse "preocupaciones normales" (por cuidar
nuestra salud, conseguir y mantener un puesto de trabajo, lograr la
armonía familiar, aprobar los exámenes, o simplemente
por tratar de ser un poco más felices) de otras "preocupaciones
excesivas", que parecen exageradas incluso para quienes las padecen,
y de las cuales no es fácil liberarse.
Por
lo
general,
la
tendencia
a
preocuparse
es
consecuencia
de
una
educación
estricta, donde se inculcó valorar más el rendimiento
que el placer por la tarea, y en la que predominó un vínculo
parental basado en la autoridad, con adultos adustos, poco confidentes
y parcos en sus expresiones afectivas.
Lo
novedoso
es
que
estudios
científicos recientes sugieren que,
además de la crianza, existen ciertos cambios químicos
en el cerebro que condicionan esta tendencia.
Lo
que
ahora
se
sabe
es
que,
detrás de las preocupaciones reiteradas,
existe la interrelación de tres factores neurobiológicos.
Uno de ellos es un nivel alto de vasopresina. Esta hormona ayuda a
consolidar la memoria reciente, una de las partes de la memoria global.
Cuando sus niveles están elevados, ciertas ideas o pensamientos
quedan "fijados en la cabeza" sin que uno pueda apartarlos
y "pensar en otra cosa".
El
segundo
factor
es
una
vía cerebral que está hiperactiva,
la que va desde el lóbulo frontal a un centro llamado núcleo
caudado. Con el lóbulo frontal se piensa, se evalúa y
se hacen planes, mientras que el núcleo caudado se ocupa del
llamado pensamiento automático. Esta vía está siempre
encendida en las personas preocupadas y nunca se apaga.
Por último, se constató la disminución de una
sustancia química cerebral llamada serotonina. Cuando esta sustancia
desciende en poca cantidad, aparece la tendencia a tener preocupaciones;
si el descenso es mayor, aparece un "bajón" anímico.
Las "preocupaciones excesivas" se caracterizan por conducir
a pensamientos negativos (se cree que algo malo sucederá) y
porque suelen estar acompañadas de un estado de duda constante.
En general, las padecen personas concienzudas, exigentes y dedicadas
al trabajo que se esfuerzan siempre en hacer "lo correcto" y "de
la manera correcta".
Personas
perfeccionistas
y
detallistas,
propensas
al
orden,
la
limpieza,
la planificación y a no apartarse de la rutina. Les gusta el
trabajo y el esfuerzo y no les atraen las cosas fáciles de hacer.
Se rigen por la lógica y, dado que no se perdonan los errores,
aun los pequeños, son proclives a la culpa y la preocupación.
Las
personas
con "preocupaciones excesivas" viven casi siempre
inmersas en un estado subjetivo sombrío que, en general, ocultan
con un esfuerzo sostenido. Los conocimientos actuales permiten disponer
de nuevos recursos terapéuticos para modificar esta tendencia
a vivir acosado por inquietudes.
Fuente
:
Diario
argentino
Clarín: www.clarin.com.ar
Fecha: 22 de Junio 2004