Mitos
y verdades sobre
el origen del cáncer
Tabaquismo, alcoholismo
y malos hábitos
alimentarios se ocultan
tras la máscara
de una de las enfermedades
más temidas e
investigadas. Qué hay
de cierto en las tradiciones
del saber popular.
Por Daniel Alonso, doctor
en Medicina, Profesor
Titular de la Universidad
Nacional de Quilmes y
co-director del Laboratorio
de Oncología Molecular
de la UNQ.
Buenos Aires, 20 noviembre
2004. La angustia que
acompaña al diagnóstico
de cáncer suele
conectarse con la obligación
de afrontar el combate
con un enemigo misterioso.
El desconocimiento absoluto
del enemigo ˆy lo
que es aún peor,
el conocimiento erróneo
o desactualizado transmitido
por el saber popularˆ atenta
contra la posibilidad
de librar la batalla
en igualdad de condiciones.
Inclusive, en una buena
parte de los casos de
cáncer, puede
anular oportunidades
ciertas de triunfo.
Hasta hace unas pocas
décadas, los procesos
que llevaban a la aparición
y desarrollo de un tumor
eran poco comprendidos.
Hoy se sabe que el cáncer
engloba a un grupo
de enfermedades bastante
variado, pero sorprendentemente
similares cuando se
analizan
las alteraciones moleculares
y celulares que las
provocan.
Con frecuencia, los
agentes que causan
cáncer ˆdenominados
carcinógenosˆ llegan
en el aire que respiramos,
en la dieta que consumimos
y bajo la forma de radiaciones.
Pero la naturaleza de
la exposición
a estos agentes es lenta
y sostenida, como la
gota que horada la piedra.
Aunque pocos lo imaginen,
los casos de cáncer
relacionados con el tabaquismo,
el alcoholismo y los
hábitos dietéticos
perjudiciales, suman
en conjunto más
del 70% del total.
De una manera simple,
puede decirse que los
carcinógenos que
se respiran explican
los casos de cáncer
pulmonar y vías
respiratorias y, en menor
medida, del aparato urinario.
Se conoce que el alcoholismo
está relacionado
con los cánceres
de la cavidad oral y
el esófago -en
especial cuando se combina
con el hábito
de fumar-, además
del cáncer de
hígado.
Cuando los carcinógenos
llegan al organismo con
la dieta, se asocian
principalmente con cáncer
de intestino grueso y
estómago, entre
otros. Las variantes
más comunes de
cáncer en órganos
que dependen de hormonas,
como la glándula
mamaria en la mujer o
la próstata en
el hombre, parecen surgir
de ciertos hábitos
dietéticos particulares
sumados al estímulo
hormonal prolongado
y excesivo.
Una proporción
bastante menor de cánceres
guarda relación
con la exposición
laboral a agentes dañinos,
las radiaciones ultravioletas
contenidas en la luz
solar o ciertos agentes
infecciosos. Entre estos últimos,
el virus del papiloma
encabeza la lista, como
el causante sobresaliente
del cáncer de
cuello uterino en la
mujer. Los cánceres
asociados de manera estrecha
con la herencia están
por debajo del 10%
del total, reflejando
el
origen mayormente ambiental
de la enfermedad.
Se sabe que las instrucciones
genéticas contenidas
en el ADN de cada célula
pueden dañarse
con el envejecimiento.
El cáncer se nos
presenta ahora como una
enfermedad semejante
a tantas otras, donde
ciertos agentes agreden
al organismo, en este
caso fomentando los daños
del ADN. Los carcinógenos
actúan silenciosamente,
escondidos en nuestros
hábitos de toda
la vida, y el elemento
agredido son los genes
de las células
más expuestas.
Estas células
dañadas, portadoras
ahora de mensajes genéticos
equivocados, tienden
a desconocer las reglas
que el organismo les
impone, crecen sin control
y pueden diseminarse
por todo el cuerpo. Una
vez que el cáncer
se ha desatado, el alejamiento
de los factores nocivos
o el abandono de los
hábitos perjudiciales
ya no tienen un impacto
relevante en la progresión
de la enfermedad. Este
es un rasgo muy característico
de la enfermedad, que
ratifica a la prevención
y la detección
temprana como los pilares
en la lucha contra el
cáncer.
Fuente:
Clarín www.clarin.com