El
sistema nervioso bajo la lupa: mente sana en
cuerpo sano
Nuevos avances se registran
en la medicina interdisciplinaria a través
de la “psiconeuroinmunoendocrinología”
que trata el impacto en la salud de una alianza
entre la mente y el cuerpo.
Por María Farber.
Especial para Clarín.com.
Buenos Aires, 11 Mayo 2005. Disciplina de nombre
larguísimo: psiconeuroinmunoendocrinología.
Un mix entre psicología, psiquiatría,
neurología, inmunología y endocrinología
que, en la era de los Trastornos de Ansiedad,
hace punta en algunos hospitales y consultorios
de vanguardia. El viejo postulado “el
todo es más que la suma de las partes”,
en este caso, hace la gran diferencia. La tendencia
a unificar las especialidades que se trataban
por separado reformula la dicotomía mente-cuerpo.
“La mente no es otra cosa que la expresión
del cerebro, un órgano como cualquier
otro, pero tenemos que entender que nuestra
conducta y las emociones exceden incluso a lo
que llamamos mente. Respondemos como una totalidad”,
asegura Andrea Márquez de López
Mato, médica psiquiatra, docente de psiconeuroinmunoendocrinología
en la UBA y la Universidad Barceló y
directora del Instituto de Psiquiatría
Biológica. La mente como resultado de
la actividad del cerebro implica la idea de
que aquello que pensamos y sentimos produce
cambios en el cuerpo. Así es como se
comienza a hablar del poder de la mente con
rigor científico, del poder de curar
y de enfermar.
“El 80 por ciento de la información
médica se dedicó a describir cómo
el estrés descompagina el cuerpo pero
ahora también se estudia cómo
inciden los estados de armonía. Prácticas
como el yoga, el Tai chi y las técnicas
de relajación protegen la salud”,
señala Alberto Intebi, docente de Farmacología
en la Facultad de Medicina de la UBA y director
del Instituto Argentino de Psiconeuroinmunoendocrinología.
Sin embargo, hay que tener cautela cuando se
pone la lupa sobre la capacidad de la mente
para curar. “Es un arma de doble filo.
Hay enfermedades que por mucha buena voluntad
que se ponga, siguen su curso, por eso es importante
que nadie vaya a creerse autosuficiente y que
lo puede todo. La mente ayuda a estar bien,
es indiscutible; pero decir que puede curar
todo es una barbaridad”, advierte.
Jaime Mogilevsky, decano y director del postgrado
de psiconeuroinmunoendocrinología de
la Universidad Favaloro, profesor titular consulto
de Medicina de la UBA e investigador superior
del CONICET, ejemplifica: “Si llega al
hospital un señor que dice que le duele
el estómago, seguramente será
derivado al gastroenterólogo. Eso es
un error porque a ese señor le puede
doler el estómago porque se peleó
con la mujer el día anterior. Al especialista
no le alcanza con saber únicamente lo
suyo porque, por ejemplo una úlcera,
puede ser la manifestación de otro sistema.
¿Por qué psiconeuroinmunoendocrinología
y no psiconeurogastroenterología? Porque
es el sistema nervioso central el que maneja
absolutamente todas las funciones y lo hace
a través de hormonas”.
La relación mente – cuerpo deja
entonces de ser exclusividad del esoterismo
y las ciencias alternativas. “Ahora está
la base bioquímica de este ida y vuelta”,
señala Intebi. “El médico
tiene la obligación de entender esta
interrelación independientemente de la
especialidad a la que se dedique”. El
cambio de paradigma implica un conocimiento
profundo del paciente y no solamente de su enfermedad.
Para Márquez de López Mato, “en
los últimos años se derrotaron
dos o tres siglos de medicina súper especializada,
producto de una visión unilineal y simplista,
en la que el hombre se dividía en órganos
para poder ser estudiado. Pero la persona es
una sola y es una en todo. Esto representa retomar
a la medicina en sus orígenes, aquello
de que cuando se enferma un órgano se
enferma la persona entera”. Aquel trauma
de la infancia
La frase, diván mediante, es célebre:
Doctor, todo comenzó en mi infancia,
y según la psiconeuroinmunoendocrinología,
también es cierta. “Un trauma en
los primeros años de vida puede tener
un impacto biológico que se exprese en
la adultez”, dice Alberto Intebi. ¿Cómo
se explica que aquello que sucedió fuera
de nuestro cuerpo haya dejado en realidad una
huella que nos marca de por vida y que a la
larga, pueda traer consecuencias en nuestra
salud? “A veces no es sencillo de entender
–dice Márquez López de Mato–
pero cuando decimos ´psico´ no nos
estamos refiriendo al alma inmortal o al mundo
de las ideas de Platón; cuando decimos
´psico´ nos estamos refiriendo a
circuitos cerebrales”. Y es en los primeros
años de vida cuando se forma la estructura
psíquica. “Supongamos que haya
que poner en juego durante la infancia un conjunto
de mecanismos de defensa para escapar de un
padre violento”, propone Mogilevsky. “Debido
al estrés, esa persona seguramente desarrolle
un exceso de neurotransmisores exitatorios,
en detrimento de los depresores. Y se forma
una estructura psíquica de este tipo,
que después pasa a la adultez y a la
vejez”. ¿La consecuencia? Una vulnerabilidad.
Fuentes: Clarín